miércoles, 28 de mayo de 2008

Elogio de vosotros (a través de la palabra).


Ahora que se va acercando el final de estos dos años, que espero la sentencia del concurso de traslados taladrado mañana en la güeb de la Junta de Andalucía, que la feria pone distancia entre las clases, vosotros y yo, reviso tranquilamente en casa el Elogio de la palabra.

Elogio de la palabra es un libro editado por el I.E.S. Albero en el que "escritores, artistas y personalidades de todo el mundo se expresan en favor de la Educación y la Cultura". Así, al menos, reza en la portada del libro. Permitidme decodificar estas palabras desde un punto de vista comunicativo. Tenemos, por un lado, a lo más nutrido de la intelectualidad de este planetita nuestro. Por otro, tenemos a unos tipos en un instituto en Alcalá. Estos tipos -Juan Antonio Muñoz, al igual que San Agustín, puede ser dos (y muchos más) y estar en cada uno de ellos por completo- tienen la particularidad de concebir la educación, sobre todo en estos tiempos, como un compromiso con uno mismo y, a partir de ahí, con todos los otros que forman la comunidad albérica. Los unos comienzan a pedir a los otros incitaciones a la lectura, al conocimiento, apologías contra la alienación. Ahí se va gestando el Elogio. Comienzan a llegar Vargas Llosa, Pérez Reverte, Miguel Delibes, Fernando Arrabal (¡ay, abuelo!), Álvaro Pombo, Ken Follet, José Saramago, Noam Chomsky, Harold Bloom... El lío, pues, está montado. Todos ellos os hablan a vosotros. Dialogan con vosotros. Se sientan ahí, a vuestro lado, y os susurran por qué leen, por qué leer. Puede, sólo puede, que toda esa gente no esté del todo equivocada. Ya me diréis.

Juan Antonio, además, tuvo la discutible ocurrencia de proponerme escribir -conocida es por él mi afición a juntar letras- unas palabras de incitación a la lectura. Para crearlas, pensé en vosotros y en mí. En aquello que siento cuando me dispongo delante de vosotros y, sobre todo, en aquello que veo en vosotros cuando comienza el teatro de los cincuenta y cinco minutos. Ahora que se va acercando el final de estos dos años, que espero la sentencia del concurso de traslados taladrado mañana en la güeb de la Junta de Andalucía, que la feria pone distancia entre las clases, vosotros y yo, permitid a este medio ser que os agradezca la noble tarea de sentirse válido a través de vuestros ojos. Permitidme que os haga llegar el texto que, con más voluntad que acierto, malformé pensando en vosotros, única justificación de mis desvelos de ¿profesor?

Tenéis la obligación de formaros lo mejor posible. Exprimid a quienes tenéis delante. Y, cuando estemos inservibles por la succión, arrojadnos y seguid parasitanto. A propios, a extraños. A vosotros mismos. A libros, a pantallas. Ése debe ser vuestro compromiso. "Lo demás, querido Horacio, lo demás es silencio."

Lo dicho, el texto:

"Cuando nos miráis, no somos nosotros los observados, son vuestros propios ojos los que, a través de esa mirada, os delatan. Creéis estar seguros, amparados tras el rectángulo-adarga de aglomerado que, a veces, utilizáis como mesa de ejercicios. Pensáis —¡si supierais qué entrañable resulta ese candor!— que los cincuenta y cinco minutos son una loriga que os hace inmunes a las palabras del enemigo, que os protege de contagios, de infecciones. Adoptáis sobre vuestra montura posición de defensa, arqueáis la espalda, mostráis sólo la cabeza protegida por la celada de otros pensamientos. A veces, incluso, fingís aburrimiento o desprecio. Las guerras, como todas las actividades humanas, también reclaman su cuota de ceremonia teatral. Y vosotros, ahí sentados, ahí enfrente, lleváis años ensayando el mismo ritual de la lucha, de la defensa.

Pero las piedritas de colores no os creen, os desmienten. A veces, sólo hace falta una palabra para encenderlas. Decimos amor, sexo, risa, muerte o dolor. Otras veces, unimos tres o cuatro palabras y resulta si yo fuese Dios y tuviese el secreto, haría un ser exacto a ti, o puede que aparezca y tú me dices que sabes que me hice sangre en las palabras de repetir tu nombre, de lastimar mis labios con la sed de tenerte o se cuela y la carne que tienta con sus frescos racimos. Y es entonces cuando la adarga se esfuma y os deja descubierto el cuerpo, desnudos, cuando la celada se desvanece y arrastra con ella el tiempo y sus miserias, cuando os despojáis de rituales, de luchas, de defensas, y os quedáis solos con vuestros ojos, con vuestras dos piedritas de colores, ahora incandescentes, que ya no protegen ni desprotegen, sino que son, están, ahí, dispuestas, porque es la sangre quien manda, porque estáis inyectados, infectados, y ya no observáis, sino que son dos ojos, vuestros propios ojos, quién os lo iba a decir, los que os han traicionado, delatándoos. Los mismos dos ojos que os sirven para leer, o caer."

Permitidme, asimismo, dejaros los poemas completos a los que pertenecen las citas del segundo párrafo del texto anterior.

"Me basta así", de Ángel González.

Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
—de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso—;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando —luego— callas...
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta).


"Espera", de José Manuel Caballero Bonald.

Y tú me dices
que tienes los pechos vencidos de esperarme,
que te duelen los ojos de tenerlos vacíos de mi cuerpo,
que has perdido hasta el tacto de tus manos
de palpar esta ausencia por el aire,
que olvidas el tamaño caliente de mi boca.

Y tú me lo dices que sabes
que me hice sangre en las palabras de repetir tu nombre,
de golpear mis labios con la sed de tenerte,
de darle a mi memoria, registrándola a ciegas,
una nueva manera de rescatarte en besos
desde la ausencia en la que tú me gritas
que me estás esperando.

Y tú me lo dices que estás tan hecha
a este deshabitado ocio de mi carne
que apenas si tu sombra se delata,
que apenas si eres cierta
en esta oscuridad que la distancia pone
entre tu cuerpo y el mío.


"Lo fatal", de Rubén Darío.

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...

domingo, 18 de mayo de 2008

Aleixandre o el tiempo.


Mientras vuestros bolígrafos fatigaban la inercia de los exámenes de Lengua y Literatura de la última semana, yo me sentaba en el escalón de la tarima del salón de actos (o del S.A.M., o como lo queráis llamar, pues, para este post, el nombre no es arquetipo de la cosa), y leía. Poemillas, sin maldad, sin hacerle daño a nadie. Me reencontraba con los versos de uno de mis poetas de cabecera, Vicente Aleixandre, sevillano por accidente, malagueño por convicción y madrileño por postración en su residencia de la calle Velintonia. Ahora, tras el viaje a Zamora, he vuelto a aquellos poemas. Es curioso lo que ocurre a veces con la lectura. Sucede que los libros parecen esperarnos -o, quizás, somos nosotros los que esperamos a los libros-, y se nos avienen a la vida -o, quizás, somos nosotros los que nos avenimos a sus letras-, y acabamos inyectados los unos por los otros. Ahora veréis por qué.

El tiempo, como decía Cernuda de la muerte, es una graciosa red de cazar mariposas. Todos nos vemos delicadamente aherrojados por su seda tibia, leve, translúcida, que no transparente. Cambia, sin embargo, nuestra percepción de su transcurso.

Mientras escribíais vuestros exámanes, mientras mirabais techos, paredes o folios cercanos esperando que la Vigen María destilara compasión, mientras viajábamos por los Arribes del Duero o mientras confraternizábamos en las habitaciones de la residencia, yo pensaba en vuestra edad, en la mía, en la edad que yo tenía cuando hacía lo mismo que vosotros estabais haciendo, en la que tendréis todos vosotros cuando hagáis lo que yo estaba haciendo en ese momento. Y, entonces, leía o rememoraba los versos de Aleixandre que hoy os quiero mostrar.

Como del resto de la literatura, también de Vicente Aleixandre se hacen taxonomías, clasificaciones. Reducciones escolares, académicas en fin. Suele hablarse en la producción poética de Aleixandre de tres etapas: comunión (a ésta pertenecen los poemas más marcadamente surrealistas en los que el amor y la unión física tienen un papel principal), comunicación (encontramos aquí poemas de hermanamiento social del ser humano), y, finalmente, conocimiento. Aunque bien poco se explica a Aleixandre en clase, con algo de suerte se puede mal leer un poemita o dos de las primeras etapas. De la tercera, en cambio, nada. Son, precisamente estos poemas, los que me traen aquí hoy.

Vicente Aleixandre, en su senectud, reflexiona, fundamentalmente, sobre qué cosa es el conocimiento, la sabiduría y, unido a estos conceptos, se acerca al tema del paso del tiempo. Ya veis, siempre el tiempo, verdad última de nuestro goteo vital. Y reflexiona Aleixandre sobre qué cosa es el paso del tiempo y sobre la percepción que de ello se tiene en las distintas etapas de la vida. Eso pensaba yo mientras os veía afanaros en vuestros exámanes, y me recordaba a mí mismo no hace demasiado en vuestra misma situación, arqueando mi espalda y retorciéndome el rostro para recordar la fecha inútil que me daría medio punto más en el examen. Eso pensaba yo mientras os abrazabais en Zamora, mientras reíais, mientras caminábamos cansados, mientras llorábamos en la despedida. Cómo se vive el paso del tiempo.

Vosotros siempre tendréis la misma edad. Delante de mí tendré siempre esbozos de catorce, quince, dieciséis, diecisiete años. En cambio, el esbozo que soy yo, que somos todos los actores que nos dedicamos a esto, irá envejeciendo. Lenta pero irreversiblemente. Vosotros, sin notar el paso del tiempo; nosotros, sin quererlo notar. Es curioso cómo, en ocasiones, el ser humano intenta enmascarar las muestras palpables del transcurrir de su propia existencia. Qué le vamos a hacer, si esto es ser hombre.

He aquí esos poemas del honor, del horror, de lo inmarcesible y de lo ajado ya. A todos nos tocó. A todos, tarde o temprano, nos volverá a tocar, pues, como escribía Goethe, "sólo todos los hombres viven lo humano".

Los dos poemas que siguen pertenecen al libro Poemas de la consumación (1968).

"Los viejos y los jóvenes"

Unos, jóvenes, pasan. Ahí pasan, sucesivos,
ajenos a la tarde gloriosa que los unge.
Como esos viejos
más lentos van uncidos
a ese rayo final del sol poniente.
Éstos sí son conscientes de la tibieza de la tarde fina.
Delgado el sol les toca y ellos toman
su templanza: es un bien —¡quedan tan pocos!—,
y pasan despaciosos por esa senda clara.

Es el verdor primero de la estación temprana.
Un río juvenil, más bien niñez de un manantial cercano,
y el verdor incipiente: robles tiernos,
bosque hacia el puerto en ascensión ligera.
Ligerísima. Mas no van ya los viejos a su ritmo.
Y allí los jóvenes que se adelantan pasan
sin ver, y siguen, sin mirarles.
Los ancianos los miran. Son estables,
éstos, los que al extremo de la vida,
en el borde del fin, quedan suspensos,
sin caer, cual por siempre.
Mientras las juveniles sombras pasan, ellos sí, consumi­bles, [inestables,
urgidos de la sed que un soplo sacia.


"Rostro final"

La decadencia añade verdad, pero no halaga. Ah, la vicisitud
no se cancelará, pues es el tiempo.
Mas, sí su doloroso error, su poso triste. Más bien su torva imagen,
su residuo imprimido: allí el horror sin máscara.
Pues no es el viejo la máscara, sino otra desnudez impúdica;
más allá de la piel se está asomando,
sin dignidad. Desorden: no es un rostro el que vemos.
Por eso, cuando el viejo exhibe su hilarante visión se ve entre rejas,
degradado, el recuerdo de algún vivir, y asoma
la afilada nariz, comida o roída, el pelo quedo,
estopa, la gota turbia que hace el ojo, y el hueco o sima donde estuvo la boca y falta. Allí una herida
seca aún se abre y remeda algún son: un fuelle triste.
Con los garfios cogidos a los hierros, mascúllanse
sonidos rotos por unos dientes grandes, amarillos,
que de otra especie son, si existen. Ya no humanos.
Allí tras ese rostro un grito queda, un alarido
suspenso, la gesticulación sin tiempo...
Y allí entre hierros vemos la mentira final. La ya no vida.

sábado, 10 de mayo de 2008

Títeres sin cabeza.

En Todo lo demás, Woody Allen le dice a Jerry Folk, un cómico joven amigo suyo, que los hombres siempre han necesitado chamanes, confesores o psiquiatras para que les dijeran qué hacer, cómo pensar. En efecto, en el ser humano se observa una tendencia (suicida en muchos casos) a la autoimposición de dioses -religiosos o laicos, qué más da- para que sean éstos quienes marquen qué se debe hacer y qué no y, lo que es peor, para que sean estos propios dioses quienes eximan al hombre de la responsabilidad en sus errores. Como mecanismo de impunidad he de reconocer que no está nada mal, aunque todo falla si nos damos cuenta de la impostura. Y nuestra inteligencia, mal que nos pese a veces, tiende a detectar falacias redentoras, promesas mesiánicas.


Todo lo anterior viene a cuento de la última obra de Els Joglars, un grupo teatral catalán nacido en 1962 y dirigido por Albert Boadella. Tanto Els Joglars como Boadella están avalados, pues, por más cuarenta años de profesión. Durante estos cuarenta años han usado el teatro como plataforma crítica: primero dirigieron sus críticas contra el franquismo, su caspa intelectual y su saña censora (esto le valió a Boadella la cárcel); ahora, siguen reaccionando contra otros atropellos. En concreto, en su último montaje, La cena, a cuyo estreno asistí ayer, critican duramente "el gran negocio del medioambiente y la frivolidad política sobre un tema que afecta a toda la humanidad. El disparate se halla en el constante estímulo de una política de consumo compulsivo que al mismo tiempo provoca el supuesto cambio climático mientras se proponen simulacros de lucha por un mundo sin contaminación". Ahí es nada.



En La cena, España es la anfitrionada de una cumbre mundial sobre el cambio climático. El Gobierno español, por tanto, es también el encargado de oficiar la cena de clausura de esta cumbre, y contempla esta organización como una oportunidad única para mostrar al mundo su preocupación por las cuestiones medioambientales. Para esto, contrata a un famosísimo cocinero de renombre internacional, el Maestro Rada, magistralmente interpretado, una vez más, por Ramón Fontserè, especialista en "cocina sostenible y respetuosoa con el medio ambiente". Ni que decir tiene que tras este cocinero se esconde una crítica a toda la nouveau cousin, a Ferrán Adriá y todos aquellos que pretenden hacer filosofía cara del noble y necesario arte del buen yantar. A partir de esta contratación, la locura no tendrá freno.

Hablaba en el primer párrafo de los dioses, religiosos o laicos, que el ser humano se autoimpone. Els Joglars pretende con este montaje criticar irónicamente -si queréis sabes qué cosa es la ironía hay que ver a estos tíos actuar- a toda esa cohorte de visionarios, profetas, apóstoles o mesías de la catástrofe planetaria que se llenan las bocas -y los bolsillos- con la predicación del holocausto mundial al mismo tiempo que fomentan políticas hiperconsumistas. Por el espejo deformante de La cena pasan todos: Zapatero y su "Alianza de Civilizaciones", Al Gore, Carla Bruni y Sarkozy, el Dalai Lama, el Papa, Suso de Toro, Benedetti y, en general, toda la progresía reaccionaria de este y de otros países. Títeres sin cabeza.

Els Joglars nos ofrece un ejercicio impagable y difícil de encontrar hoy: la crítica irónica, la mordacidad, la honestidad, la ausencia de amos que dicten normas y sermones... y, sobre todo, Els Joglars nos ofrece teatro del bueno, arte. Hablaba en el post anterior de Dario Fo. Boadella y su grupo son otros de los reductos que quedan para no apestar a hipocresía. Están en Sevilla, en el Teatro Lope de Vega, hasta el día 18 de mayo. Id. Ya. No hay excusas.

lunes, 28 de abril de 2008

Dario Fo, cómico serio.


Dario Fo es, ante todo, un juglar. Sí, os parecerá extraño, pero en el siglo XX (e incluso en el XXI) existen los juglares. No es necesario volver los ojos a San Esteban de Gormaz o Medinaceli para rastrear a aquellos dos juglares que escribieron-recitaron los primeros versos del Cid. Podemos ir a San Giano, en Italia, y encontrarnos allí con Fo.

¿Qué se esconde tras el sincretismo de juglar cuando hablamos de Dario Fo? Intentaré aclararlo, aunque no es fácil. En primer lugar, compromiso con la realidad. Nada de lo que rodea al juglar le es ajeno. Es más, sus materiales están tomados de la observación directa de la realidad, de la viviencia de esa realidad. Si hablamos de Fo, esta vivencia está directamente relaciona con otro compromiso -o tal vez el mismo-: el compromiso político con la realidad. Las formas de acercarnos a lo que nos rodea son muchas. Dario Fo elige la percepción crítica, el análisis comprometido de los materiales que usa para sus representaciones. Ahora bien, precisamente por ser un juglar, este análisis, además de estar hecho desde una perspectiva crítica, lo está desde un punto de vista irónico. En efecto, Fo usa la ironía para evitar el discurso, para huir de lo panfletario, de lo moral... y para molestar.

¿A quién quiere molestar Dario Fo? Esto es fácil: a todos aquellos a los que asusta la ironía, pues la ironía presenta una realidad polimórfica que no se adapta a visiones maniqueas de la realidad. Cuando en 1997 la Academia Sueca concedió a Dario Fo el Premio Nobel de Literatura "por su multiforme actividad como escritor y por su compromiso social de actor capaz de dar voz al más débil" la Iglesia criticó duramente esta concesión. ¿Acaso hace falta mayor argumento para correr a una librería y devorar a Fo? No es extraño que la institución vaticana criticara el Nobel de Fo. Su obra Misterio bufo (1969) está formada por un conjunto de monólogos contra la sociedad y la Iglesia.

Pero no sólo el Vaticano y sus alrededores han sido objeto de las críticas de este juglar italiano. También la política. Más concretamente, el actual primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, aparece satirizado y criticado en L'anomalo bicefalo (2003).

Empecé hablando de la capacidad como juglar de Dario Fo. Quería dejar para el final el elemento definitivo para apoyar esta denominación: la facilidad para la improvisación. Improvisar no es hacer lo que se nos pase por la cabeza encima de un escenario, nada de eso. Improvisar es inventar, experimentar dentro de unos límites marcados por la situación dramática. Y aquí Fo es un maestro, os lo aseguro.

¿Que cómo lo sé? Ahora viene la envidia: el pasado sábado 19 estuve en el Gran Teatro de Córdoba viendo a Dario Fo, vivito y coleando, en persona, representando Rosa Fresca Aulentissima (e altre giullarate). Y os puedo decir que todo lo que he escrito ha sido visto y comprobado in situ. Crítica, ironía, humor, improvisación, limpieza de movimientos, dominio del espacio, uso perfecto de la voz... teatro en fin.

En Rosa Fresca Aulentissima (e altre giullarate), Dario Fo nos habla de la Commedia dell'Arte, modalidad teatral nacida en Italia, hecha por cómicos italianos que, gracias a la prohibición de actuar en su país, se vieron obligados a emigrar a toda Europa (en España es definitiva su influencia en el teatro de Lope de Vega y en la aparición de la Comedia Nacional) difundiendo así esta forma de hacer teatro. La Commedia dell'Arte se basa en personajes tipo: Arlequín (es un zanni, esto es, un criado pobre, hambriento y, por tanto, astuto), Colombina (una criada ingeniosa, hábil y astuta a la que la vida le ha enseñado a sacar provecho de todas las situaciones), el Doctor (hombre de edad respetable que, a pesar de sus ínfulas cultas, destaca más por su ignorancia revestida de palabras rimbombantes que por su erudición)... ¿Qué quiero decir con esto de personajes tipo? Pues que los personajes de la Commedia siempre se comportan de la misma forma dentro del escenario, sus acciones siempre están motivadas por las mismas causas y sus impulsos siempre apuntan hacia el mismo lugar, esto es, son previsibles en su actitud, no es difícil adivinar sus actos ni sus pensamientos. ¿Qué permite esto? Fácil, esto posibilita al actor improvisar a partir de esa personalidad prefijada y que, precisamente, el texto quede en un segundo lugar frente al gesto, al movimiento, a la entonación y a la interacción entre los personajes.

Dario Fo, en Córdoba, nos dio una clase magistral sobre Commedia dell'Arte y sobre grammelot. El grammelot es el dialecto creado por los actores de la Commedia que se vieron obligados, tras su expulsión de Italia, a actuar y hacerse entender en países con lenguas desconocidas para ellos. Así, comenzaron a utilizar un lenguaje que usaba los fonemas más frecuentes de cada lengua (inglés, español, portugués, ruso...) aunque no contenía ninguna palabra con sentido. Os puedo asegurar que el grammelot inglés suena a puro inglés y el francés a puro francés. La comprensión de la escena, por tanto, más allá del significado de las palabras, se basa en la capacidad gestual del actor. Es decir, teatro en estado puro.

Con Dario Fo tengo yo una relación especial. En mi penúltimo año de carrera representé Muerte accidental de un anarquista, un texto increíble de Fo con toques de vodevil, sátira, crítica social y cine de los hermanos Marx. Os dejo el principio de la obra. Ah, y aquí os dejo el enlace al texto completo de la obra que he encontrado en la internet.



Un despacho corriente en la jefatura central de policía. Un escritorio, un armario, algunas sillas, una máquina de escribir, un teléfono, una ventana, dos puertas.

Bertozzo

(Hojea papeles mientras se dirige a un sospechoso, que está sentado tranquilamente) Vaya, vaya... así que no es la primera vez que te disfrazas. Aquí dice que te has hecho pasar dos veces por cirujano, una por capitán de infantería, tres por obispo, una por ingeniero naval... En total te han detenido...veamos:..dos y tres, cinco... una, tres... dos... once veces en total, y con ésta, doce.

Sospechoso
Sí, doce detenciones. Pero le hago notar, señor comisario, que jamás me han condenado. Mi certificado de penales está limpio.

Bertozzo
No sé cómo te las habrás arreglado para escaquearte, pero te aseguro que ahora te lo mancho yo... ¡puedes jurarlo!

Sospechoso
No, si yo le comprendo comisario. Un certificado de penales que manchar le apetece a cualquiera...

Bertozzo
Muy gracioso. La denuncia dice que te has hecho pasar por psiquiatra, profesor ex-adjunto en la universidad de Padua. ¿Sabes que puedes ir a la cárcel por impostor.

Sospechoso
En efecto, si fuera un impostor cuerdo... pero estoy loco, loco patentado. Observe mi historial clínico: internado dieciséis veces, y siempre por lo mismo. Tengo la manía de los personajes, se llama "histriomanía", viene de histrión, que significa actor. Tengo el hobby de interpretar papeles siempre distintos. Pero como lo mío es el teatro verité, necesito que mi compañía la componga gente de verdad... que no sepa actuar. Además, carezco de medios, y no podría pagarles. He pedido subvenciones al Ministerio de Cultura, pero al no tener enchufes políticos...

Bertozzo
...te subvencionan tus actores. Que los explotas, vamos.

Sospechoso
Yo jamás he estafado a nadie.

Bertozzo
Si te parece poca estafa cobrar cien mil liras por consulta...

Agente
(Que está detrás del sospechoso) ¡Qué timo!

Sospechoso
Son los honorarios habituales de un psiquiatra que se respete, y ha pasado dieciséis años estudiando esa disciplina.

Bertozzo
Oye, pero tú, ¿cuándo has estudiado?

Sospechoso
Me he pasado veinte años estudiando, en dieciséis manicomios diferentes, a miles de locos como yo... día a día, y también de noche... porque yo, a diferencia de los psiquiatras corrientes, dormía con ellos... a veces con otros dos, porque siempre faltan camas. De todos modos, infórmese, y comprobará que mi diagnóstico de ese pobre esquizofrénico por el que me han denunciado era perfecto.

Bertozzo
¿También las 100.000 liras eran perfectas?

Sospechoso
Pero comisario... me he visto obligado, por su bien.

Bertozzo
¿Por su bien? ¿Es parte de la terapia?

Sospechoso
Por supuesto. Si no le llego a timar las 100.000, ¿cree que ese pobre desgraciado, y sobre todo sus familiares, se habrían quedado tranquilos? Si les hubiese pedido 20.000, habrían pensado: "No debe valer mucho, a lo mejor ni siquiera es profesor, será un novato recién licenciado". En cambio, así, se quedaron sin habla al oír la cifra, y pensaron: "¿Quién será? ¿Dios en persona?", y se fueron más contentos que unas pascuas. Hasta me besaron la mano... "Gracias, profesor", llorando de emoción.

martes, 25 de marzo de 2008

Mentiroso mentiroso.


La creatividad, el talento, el riesgo artístico y la apuesta creadora no se ven afectadas por la piratería. Los mediocres son, en cambio, buenos rastreadores de excusas, de medias verdades, de bolas a contrapié. Se puede optar por colgar tu disco gratis en la web (Radiohead, por ejemplo), u organizar el espectáculo chusco de zapatear sobre una montañita de discos pirata (María Jiménez, hace años, no sabemos si etílicamente afectada o no).

Personalmente, me interesan más el riesgo, el equilibrio en la cuerda floja para sortear los peligros, sin red. Ahí se ha situado Iván Ferreiro, un tipo vigués que acaba de publicar su tercer álbum, Mentiroso mentiroso. Ferreiro (para los no iniciados, excantante de Los Piratas) colgó en su web el nuevo disco y facilitó un enlace para bajarlo en mp3. ¿Suicidio o adaptación a los nuevos tiempos? Conmigo ha funcionado.

Hoy, 25 de marzo, ha salido a la venta Mentiroso mentiroso, en edición de lujo, que incluye el cd y un libro de cómics. Mientras os escribo este post, Ferreiro desgrana sus nuevos temas en los cascos que, directamente, me los inyectan en vena. ¿A qué esperáis para darle a la mula?

Os decía antes que es su tercer álbum en solitario. En "casi" solitario, habría que decir, pues su hermano Amaro firma algunas de las canciones. Los otros dos trabajos anteriores fueron Canciones para el tiempo y la distancia y Las siete y media. El primero, más desnudo, intencionadamente hueco unas veces, desgarrador otras, nocivo o tranquilizador, es un disco para no quitárselo de la cabeza. El segundo, disco de urgencia, ahonda en la visión espinosa del primero, aumentándola. Este tercero, este Mentiroso mentiroso, es mucho más elaborado, mucho más producido, con una instrumentación más contundente y con mayor amplitud de registros. Las letras, en los tres, son un prodigio de plurisignificación, matices ocultos e imágenes arriesgadas.

No olvidéis su nombre. Iván Ferreiro. Música de verdad. Ni operaciones ni triunfos, ni "riguitón" inframental ni flamenquito "apaleao". Un tío que hace música. Lo demás, querido Horacio, lo demás es silencio.


Os dejo algunos temas de Iván Ferreiro.

Del álbum Canciones para el tiempo y la distancia, "Turnedo".



Del álbum Las siete y media, "Extrema pobreza".



Del álbum Mentiroso mentiroso, "Secretos deseos" y el vídeo del primer single, "Mentiroso mentiroso". A propósito, quien canta en el vídeo no es Iván Ferreiro, sino el actor Óscar Jaenada.




miércoles, 12 de marzo de 2008

Maldito sea.


El alcohol. Las drogas. La locura. Ingredientes todos ellos en la vida de muchos escritores. Contracorriente. Rechazo. Destrucción. Escritores raros. Detestados unas veces. Otras venerados. Nunca indiferentes. A ellos, a esos seres marcados, señalados, les ponemos etiquetas (como a todo). Si son poetas (porque la poesía siempre se dio mucho a estos vicios), los llamamos poetas malditos. En Francia hay más tradición de esto. Rimbaud, por ejemplo, entre ajenjo y hachís. En España también tenemos a nuestro maldito. Leopoldo María Panero. Madrid, 1948.

Panero, hijo de poeta, hemano de poetas, poeta él mismo, ensayista, narrador. Panero alcohólico. Panero transtornado. Panero esquizofrénico. Panero ingresado en manicomios. Mondragón, Gran Canaria... Panero no sale en los libros de literatura (en realidad, la literatura actual es despreciada en nuestras asignaturas). Panero dice tonterías a veces. Panero no las dice otras. ¿Es Panero literatura o es sólo un colgado al que le hacemos caso porque queda prestigioso y diferente decir que se lee a Panero? No tengo ni idea. ¿Por qué no juzgáis vosotros mismos?

Carlos Ann, Enrique Bunbury, José María Ponce y Bruno Galindo grabaron en 2004 un disco en el que ponían música a poemas de Panero. Muchos de los temas recogen perfectamente la atmósfera opresiva, delirante y descoyuntada de algunos poemas. Otros son suaves, delicados. Os dejo los textos y los audios. Leed los unos para adentro; escuchad los otros muy, muy alto.




"Le bon pasteur (Haikú)"

Es duro el trabajo de la pesadilla,
es duro
arrastrar de día el carro de las marionetas,
de noche; y ser una de ellas
mañana, cuando abran los ojos
para no ver
que la bailarina de cuerda danzando entre ellas
mueve ella misma el resorte.



"Brillo en la mano"

Locura es estar ausente
humo es todo lo que queda
de mí en la página que no hay
cae al suelo mi figura
y libre de mí se mueve
el papel de pura ausencia.



"Canción para una discoteca"

No tenemos fe
al otro lado de esta vida
sólo espera el rock and roll
lo dice la calavera que hay entre mis manos
baila, baila el rock and roll
para el rock el tiempo y la vida son una miseria
el alcohol y el haschisch no dicen nada de la vida
sexo, drogas y rock and roll
el sol no brilla por el hombre,
lo mismo que el sexo y las drogas:
la muerte es la cuna del rock and roll.
Baila hasta que la muerte te llame
y diga suavemente entra
entra en el reino del rock and roll.



"Peter Punk"

Peter Punk es el amor y Campanilla su princesa
en el cielo están buscando el secreto de la nada
todos los Niños Extraviados.
Peter Punk es el amor y Campanilla su princesa
Garfio busca en vano el secreto de su mano
y Campanilla llora al pie del Árbol Extraviado
adónde las sirenas y adónde los enanos
Peter Punk intenta en vano su amor explicar,
en una playa desierta Campanilla lo dejó.



"En el obscuro jardín del manicomio (poemas del manicomio de Mondragón)

En el obscuro jardín del manicomio
los locos maldicen a los hombres
las ratas afloran a la Cloaca Superior
buscando el beso de los Dementes.

Un loco tocado de la maldición del cielo
canta humillado en una esquina
sus canciones hablan de ángeles y cosas
que cuestan la vida al ojo humano
la vida se pudre a sus pies como una rosa
y ya cerca de la tumba, pasa junto a él
una Princesa.

Los ángeles cabalgan a lomos de una tortuga
y el destino de los hombres es arrojar piedras a la rosa.
Mañana morirá otro loco:
de la sangre de sus ojos nadie sino la tumba
sabrá mañana nada.

El loquero sabe el sabor de mi orina
y yo el gusto de sus manos surcando mis mejillas
ello prueba que el destino de las ratas
es semejante al destino de los hombres.


"A quien me leyere"

Los libros caían sobre mi máscara (y donde había un rictus de viejo moribundo), y las palabras me azotaban y un remolino de gente gritaba contra los libros, así que los eché todos a la hoguera para que el fuego deshiciera las palabras...
Y salió un humo azul diciendo adiós a los libros y a mi mano que escribe: “Rumpete libros, ne rumpant anima vestra”: que ardan, pues, los libros en los jardines y en los albañales y que se quemen mis versos sin salir de mis labios:
el único emperador es el emperador del helado, con su sonrisa tosca que imita la naturaleza y su olor a queso podrido y vinagre. Sus labios no hablan y ante esa mudez de asombro, caigo estático de rodillas, ante el cadáver de la poesía.



Os dejo los vídeos de tres de los poemas anteriores. Dos de ellos están grabados en directo, en el concierto de presentación del disco. Si os fijáis bien, podréis ver a Panero sentado en un sofá, en el escenario. Aparece de vez en cuando. Es un viejito ausente.


Le bon pasteur.



Canción para una discoteca.



Peter Punk.



En el obscuro jardín del manicomio / A quien me leyere.

sábado, 1 de marzo de 2008

No todo va a ser penas: Juno.


Hoy no tenemos amores desgarrados, asesinos sádicos ni padres e hijos perdidos en una carretera en la era postnuclear. Así que, antes de que se me pase el efecto, os pretendo hablar de algo positivo, de ganas de reír y de vivir (sí, de vivir también): Juno.

Aunque a veces nos parezca imposible, hay comedias más allá de los engendros pseudorrománticos de Julia Roberts, Jennifer López o del casperío de Torrente. De vez en cuando, muy de vez en cuando, aparecen películas con un humor realista, inteligente y ácido que nos retratan como somos: mezquinos unas veces, otras desprendidos y siempre, o casi siempre, perdidos, sin todas las respuestas.

Juno cuenta la historia de una adolescente atípica que se queda embarazada. Ella, lejos de hacer de su embarazo una catástrofe, opta por la opción más realista: puesto que no se considera preparada para criar a su hijo, decide buscarle unos padres adoptivos que lo críen en óptimas condiciones. Así comienza Juno. La búsqueda de estos padres se irá convirtiendo en una indagación en la popia personalidad de Juno y en su madurez, en su relación con Paulie Bleeker, el padre de la criatura, en su relación con sus amigos... Todo esto se hace con un humor desinhibido, falto de prejuicios y con un lenguaje cercano y muy elocuente. La actriz protagonista, Ellen Page, es un verdadero descubrimiento. Dota de una ternura, de una ilusión y, a la vez, de una madurez a su personaje que deja con la boca abierta al espectador.



Hay quien ha comparado esta película con Pequeña Miss Sunshine, otra comedia, más ácida aún, que tuvo un gran éxito el año pasado. Cualquiera de las dos es una perfecta opción para pasar un momento de cine.

Risas, ternura, ilusión por la vida... Ah, y, además, una banda sonora llena de temas sencillos y muy emotivos. ¿De verdad se os ocurre perdirle otra cosa a una película?