lunes, 28 de abril de 2008

Dario Fo, cómico serio.


Dario Fo es, ante todo, un juglar. Sí, os parecerá extraño, pero en el siglo XX (e incluso en el XXI) existen los juglares. No es necesario volver los ojos a San Esteban de Gormaz o Medinaceli para rastrear a aquellos dos juglares que escribieron-recitaron los primeros versos del Cid. Podemos ir a San Giano, en Italia, y encontrarnos allí con Fo.

¿Qué se esconde tras el sincretismo de juglar cuando hablamos de Dario Fo? Intentaré aclararlo, aunque no es fácil. En primer lugar, compromiso con la realidad. Nada de lo que rodea al juglar le es ajeno. Es más, sus materiales están tomados de la observación directa de la realidad, de la viviencia de esa realidad. Si hablamos de Fo, esta vivencia está directamente relaciona con otro compromiso -o tal vez el mismo-: el compromiso político con la realidad. Las formas de acercarnos a lo que nos rodea son muchas. Dario Fo elige la percepción crítica, el análisis comprometido de los materiales que usa para sus representaciones. Ahora bien, precisamente por ser un juglar, este análisis, además de estar hecho desde una perspectiva crítica, lo está desde un punto de vista irónico. En efecto, Fo usa la ironía para evitar el discurso, para huir de lo panfletario, de lo moral... y para molestar.

¿A quién quiere molestar Dario Fo? Esto es fácil: a todos aquellos a los que asusta la ironía, pues la ironía presenta una realidad polimórfica que no se adapta a visiones maniqueas de la realidad. Cuando en 1997 la Academia Sueca concedió a Dario Fo el Premio Nobel de Literatura "por su multiforme actividad como escritor y por su compromiso social de actor capaz de dar voz al más débil" la Iglesia criticó duramente esta concesión. ¿Acaso hace falta mayor argumento para correr a una librería y devorar a Fo? No es extraño que la institución vaticana criticara el Nobel de Fo. Su obra Misterio bufo (1969) está formada por un conjunto de monólogos contra la sociedad y la Iglesia.

Pero no sólo el Vaticano y sus alrededores han sido objeto de las críticas de este juglar italiano. También la política. Más concretamente, el actual primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, aparece satirizado y criticado en L'anomalo bicefalo (2003).

Empecé hablando de la capacidad como juglar de Dario Fo. Quería dejar para el final el elemento definitivo para apoyar esta denominación: la facilidad para la improvisación. Improvisar no es hacer lo que se nos pase por la cabeza encima de un escenario, nada de eso. Improvisar es inventar, experimentar dentro de unos límites marcados por la situación dramática. Y aquí Fo es un maestro, os lo aseguro.

¿Que cómo lo sé? Ahora viene la envidia: el pasado sábado 19 estuve en el Gran Teatro de Córdoba viendo a Dario Fo, vivito y coleando, en persona, representando Rosa Fresca Aulentissima (e altre giullarate). Y os puedo decir que todo lo que he escrito ha sido visto y comprobado in situ. Crítica, ironía, humor, improvisación, limpieza de movimientos, dominio del espacio, uso perfecto de la voz... teatro en fin.

En Rosa Fresca Aulentissima (e altre giullarate), Dario Fo nos habla de la Commedia dell'Arte, modalidad teatral nacida en Italia, hecha por cómicos italianos que, gracias a la prohibición de actuar en su país, se vieron obligados a emigrar a toda Europa (en España es definitiva su influencia en el teatro de Lope de Vega y en la aparición de la Comedia Nacional) difundiendo así esta forma de hacer teatro. La Commedia dell'Arte se basa en personajes tipo: Arlequín (es un zanni, esto es, un criado pobre, hambriento y, por tanto, astuto), Colombina (una criada ingeniosa, hábil y astuta a la que la vida le ha enseñado a sacar provecho de todas las situaciones), el Doctor (hombre de edad respetable que, a pesar de sus ínfulas cultas, destaca más por su ignorancia revestida de palabras rimbombantes que por su erudición)... ¿Qué quiero decir con esto de personajes tipo? Pues que los personajes de la Commedia siempre se comportan de la misma forma dentro del escenario, sus acciones siempre están motivadas por las mismas causas y sus impulsos siempre apuntan hacia el mismo lugar, esto es, son previsibles en su actitud, no es difícil adivinar sus actos ni sus pensamientos. ¿Qué permite esto? Fácil, esto posibilita al actor improvisar a partir de esa personalidad prefijada y que, precisamente, el texto quede en un segundo lugar frente al gesto, al movimiento, a la entonación y a la interacción entre los personajes.

Dario Fo, en Córdoba, nos dio una clase magistral sobre Commedia dell'Arte y sobre grammelot. El grammelot es el dialecto creado por los actores de la Commedia que se vieron obligados, tras su expulsión de Italia, a actuar y hacerse entender en países con lenguas desconocidas para ellos. Así, comenzaron a utilizar un lenguaje que usaba los fonemas más frecuentes de cada lengua (inglés, español, portugués, ruso...) aunque no contenía ninguna palabra con sentido. Os puedo asegurar que el grammelot inglés suena a puro inglés y el francés a puro francés. La comprensión de la escena, por tanto, más allá del significado de las palabras, se basa en la capacidad gestual del actor. Es decir, teatro en estado puro.

Con Dario Fo tengo yo una relación especial. En mi penúltimo año de carrera representé Muerte accidental de un anarquista, un texto increíble de Fo con toques de vodevil, sátira, crítica social y cine de los hermanos Marx. Os dejo el principio de la obra. Ah, y aquí os dejo el enlace al texto completo de la obra que he encontrado en la internet.



Un despacho corriente en la jefatura central de policía. Un escritorio, un armario, algunas sillas, una máquina de escribir, un teléfono, una ventana, dos puertas.

Bertozzo

(Hojea papeles mientras se dirige a un sospechoso, que está sentado tranquilamente) Vaya, vaya... así que no es la primera vez que te disfrazas. Aquí dice que te has hecho pasar dos veces por cirujano, una por capitán de infantería, tres por obispo, una por ingeniero naval... En total te han detenido...veamos:..dos y tres, cinco... una, tres... dos... once veces en total, y con ésta, doce.

Sospechoso
Sí, doce detenciones. Pero le hago notar, señor comisario, que jamás me han condenado. Mi certificado de penales está limpio.

Bertozzo
No sé cómo te las habrás arreglado para escaquearte, pero te aseguro que ahora te lo mancho yo... ¡puedes jurarlo!

Sospechoso
No, si yo le comprendo comisario. Un certificado de penales que manchar le apetece a cualquiera...

Bertozzo
Muy gracioso. La denuncia dice que te has hecho pasar por psiquiatra, profesor ex-adjunto en la universidad de Padua. ¿Sabes que puedes ir a la cárcel por impostor.

Sospechoso
En efecto, si fuera un impostor cuerdo... pero estoy loco, loco patentado. Observe mi historial clínico: internado dieciséis veces, y siempre por lo mismo. Tengo la manía de los personajes, se llama "histriomanía", viene de histrión, que significa actor. Tengo el hobby de interpretar papeles siempre distintos. Pero como lo mío es el teatro verité, necesito que mi compañía la componga gente de verdad... que no sepa actuar. Además, carezco de medios, y no podría pagarles. He pedido subvenciones al Ministerio de Cultura, pero al no tener enchufes políticos...

Bertozzo
...te subvencionan tus actores. Que los explotas, vamos.

Sospechoso
Yo jamás he estafado a nadie.

Bertozzo
Si te parece poca estafa cobrar cien mil liras por consulta...

Agente
(Que está detrás del sospechoso) ¡Qué timo!

Sospechoso
Son los honorarios habituales de un psiquiatra que se respete, y ha pasado dieciséis años estudiando esa disciplina.

Bertozzo
Oye, pero tú, ¿cuándo has estudiado?

Sospechoso
Me he pasado veinte años estudiando, en dieciséis manicomios diferentes, a miles de locos como yo... día a día, y también de noche... porque yo, a diferencia de los psiquiatras corrientes, dormía con ellos... a veces con otros dos, porque siempre faltan camas. De todos modos, infórmese, y comprobará que mi diagnóstico de ese pobre esquizofrénico por el que me han denunciado era perfecto.

Bertozzo
¿También las 100.000 liras eran perfectas?

Sospechoso
Pero comisario... me he visto obligado, por su bien.

Bertozzo
¿Por su bien? ¿Es parte de la terapia?

Sospechoso
Por supuesto. Si no le llego a timar las 100.000, ¿cree que ese pobre desgraciado, y sobre todo sus familiares, se habrían quedado tranquilos? Si les hubiese pedido 20.000, habrían pensado: "No debe valer mucho, a lo mejor ni siquiera es profesor, será un novato recién licenciado". En cambio, así, se quedaron sin habla al oír la cifra, y pensaron: "¿Quién será? ¿Dios en persona?", y se fueron más contentos que unas pascuas. Hasta me besaron la mano... "Gracias, profesor", llorando de emoción.

martes, 25 de marzo de 2008

Mentiroso mentiroso.


La creatividad, el talento, el riesgo artístico y la apuesta creadora no se ven afectadas por la piratería. Los mediocres son, en cambio, buenos rastreadores de excusas, de medias verdades, de bolas a contrapié. Se puede optar por colgar tu disco gratis en la web (Radiohead, por ejemplo), u organizar el espectáculo chusco de zapatear sobre una montañita de discos pirata (María Jiménez, hace años, no sabemos si etílicamente afectada o no).

Personalmente, me interesan más el riesgo, el equilibrio en la cuerda floja para sortear los peligros, sin red. Ahí se ha situado Iván Ferreiro, un tipo vigués que acaba de publicar su tercer álbum, Mentiroso mentiroso. Ferreiro (para los no iniciados, excantante de Los Piratas) colgó en su web el nuevo disco y facilitó un enlace para bajarlo en mp3. ¿Suicidio o adaptación a los nuevos tiempos? Conmigo ha funcionado.

Hoy, 25 de marzo, ha salido a la venta Mentiroso mentiroso, en edición de lujo, que incluye el cd y un libro de cómics. Mientras os escribo este post, Ferreiro desgrana sus nuevos temas en los cascos que, directamente, me los inyectan en vena. ¿A qué esperáis para darle a la mula?

Os decía antes que es su tercer álbum en solitario. En "casi" solitario, habría que decir, pues su hermano Amaro firma algunas de las canciones. Los otros dos trabajos anteriores fueron Canciones para el tiempo y la distancia y Las siete y media. El primero, más desnudo, intencionadamente hueco unas veces, desgarrador otras, nocivo o tranquilizador, es un disco para no quitárselo de la cabeza. El segundo, disco de urgencia, ahonda en la visión espinosa del primero, aumentándola. Este tercero, este Mentiroso mentiroso, es mucho más elaborado, mucho más producido, con una instrumentación más contundente y con mayor amplitud de registros. Las letras, en los tres, son un prodigio de plurisignificación, matices ocultos e imágenes arriesgadas.

No olvidéis su nombre. Iván Ferreiro. Música de verdad. Ni operaciones ni triunfos, ni "riguitón" inframental ni flamenquito "apaleao". Un tío que hace música. Lo demás, querido Horacio, lo demás es silencio.


Os dejo algunos temas de Iván Ferreiro.

Del álbum Canciones para el tiempo y la distancia, "Turnedo".



Del álbum Las siete y media, "Extrema pobreza".



Del álbum Mentiroso mentiroso, "Secretos deseos" y el vídeo del primer single, "Mentiroso mentiroso". A propósito, quien canta en el vídeo no es Iván Ferreiro, sino el actor Óscar Jaenada.




miércoles, 12 de marzo de 2008

Maldito sea.


El alcohol. Las drogas. La locura. Ingredientes todos ellos en la vida de muchos escritores. Contracorriente. Rechazo. Destrucción. Escritores raros. Detestados unas veces. Otras venerados. Nunca indiferentes. A ellos, a esos seres marcados, señalados, les ponemos etiquetas (como a todo). Si son poetas (porque la poesía siempre se dio mucho a estos vicios), los llamamos poetas malditos. En Francia hay más tradición de esto. Rimbaud, por ejemplo, entre ajenjo y hachís. En España también tenemos a nuestro maldito. Leopoldo María Panero. Madrid, 1948.

Panero, hijo de poeta, hemano de poetas, poeta él mismo, ensayista, narrador. Panero alcohólico. Panero transtornado. Panero esquizofrénico. Panero ingresado en manicomios. Mondragón, Gran Canaria... Panero no sale en los libros de literatura (en realidad, la literatura actual es despreciada en nuestras asignaturas). Panero dice tonterías a veces. Panero no las dice otras. ¿Es Panero literatura o es sólo un colgado al que le hacemos caso porque queda prestigioso y diferente decir que se lee a Panero? No tengo ni idea. ¿Por qué no juzgáis vosotros mismos?

Carlos Ann, Enrique Bunbury, José María Ponce y Bruno Galindo grabaron en 2004 un disco en el que ponían música a poemas de Panero. Muchos de los temas recogen perfectamente la atmósfera opresiva, delirante y descoyuntada de algunos poemas. Otros son suaves, delicados. Os dejo los textos y los audios. Leed los unos para adentro; escuchad los otros muy, muy alto.




"Le bon pasteur (Haikú)"

Es duro el trabajo de la pesadilla,
es duro
arrastrar de día el carro de las marionetas,
de noche; y ser una de ellas
mañana, cuando abran los ojos
para no ver
que la bailarina de cuerda danzando entre ellas
mueve ella misma el resorte.



"Brillo en la mano"

Locura es estar ausente
humo es todo lo que queda
de mí en la página que no hay
cae al suelo mi figura
y libre de mí se mueve
el papel de pura ausencia.



"Canción para una discoteca"

No tenemos fe
al otro lado de esta vida
sólo espera el rock and roll
lo dice la calavera que hay entre mis manos
baila, baila el rock and roll
para el rock el tiempo y la vida son una miseria
el alcohol y el haschisch no dicen nada de la vida
sexo, drogas y rock and roll
el sol no brilla por el hombre,
lo mismo que el sexo y las drogas:
la muerte es la cuna del rock and roll.
Baila hasta que la muerte te llame
y diga suavemente entra
entra en el reino del rock and roll.



"Peter Punk"

Peter Punk es el amor y Campanilla su princesa
en el cielo están buscando el secreto de la nada
todos los Niños Extraviados.
Peter Punk es el amor y Campanilla su princesa
Garfio busca en vano el secreto de su mano
y Campanilla llora al pie del Árbol Extraviado
adónde las sirenas y adónde los enanos
Peter Punk intenta en vano su amor explicar,
en una playa desierta Campanilla lo dejó.



"En el obscuro jardín del manicomio (poemas del manicomio de Mondragón)

En el obscuro jardín del manicomio
los locos maldicen a los hombres
las ratas afloran a la Cloaca Superior
buscando el beso de los Dementes.

Un loco tocado de la maldición del cielo
canta humillado en una esquina
sus canciones hablan de ángeles y cosas
que cuestan la vida al ojo humano
la vida se pudre a sus pies como una rosa
y ya cerca de la tumba, pasa junto a él
una Princesa.

Los ángeles cabalgan a lomos de una tortuga
y el destino de los hombres es arrojar piedras a la rosa.
Mañana morirá otro loco:
de la sangre de sus ojos nadie sino la tumba
sabrá mañana nada.

El loquero sabe el sabor de mi orina
y yo el gusto de sus manos surcando mis mejillas
ello prueba que el destino de las ratas
es semejante al destino de los hombres.


"A quien me leyere"

Los libros caían sobre mi máscara (y donde había un rictus de viejo moribundo), y las palabras me azotaban y un remolino de gente gritaba contra los libros, así que los eché todos a la hoguera para que el fuego deshiciera las palabras...
Y salió un humo azul diciendo adiós a los libros y a mi mano que escribe: “Rumpete libros, ne rumpant anima vestra”: que ardan, pues, los libros en los jardines y en los albañales y que se quemen mis versos sin salir de mis labios:
el único emperador es el emperador del helado, con su sonrisa tosca que imita la naturaleza y su olor a queso podrido y vinagre. Sus labios no hablan y ante esa mudez de asombro, caigo estático de rodillas, ante el cadáver de la poesía.



Os dejo los vídeos de tres de los poemas anteriores. Dos de ellos están grabados en directo, en el concierto de presentación del disco. Si os fijáis bien, podréis ver a Panero sentado en un sofá, en el escenario. Aparece de vez en cuando. Es un viejito ausente.


Le bon pasteur.



Canción para una discoteca.



Peter Punk.



En el obscuro jardín del manicomio / A quien me leyere.

sábado, 1 de marzo de 2008

No todo va a ser penas: Juno.


Hoy no tenemos amores desgarrados, asesinos sádicos ni padres e hijos perdidos en una carretera en la era postnuclear. Así que, antes de que se me pase el efecto, os pretendo hablar de algo positivo, de ganas de reír y de vivir (sí, de vivir también): Juno.

Aunque a veces nos parezca imposible, hay comedias más allá de los engendros pseudorrománticos de Julia Roberts, Jennifer López o del casperío de Torrente. De vez en cuando, muy de vez en cuando, aparecen películas con un humor realista, inteligente y ácido que nos retratan como somos: mezquinos unas veces, otras desprendidos y siempre, o casi siempre, perdidos, sin todas las respuestas.

Juno cuenta la historia de una adolescente atípica que se queda embarazada. Ella, lejos de hacer de su embarazo una catástrofe, opta por la opción más realista: puesto que no se considera preparada para criar a su hijo, decide buscarle unos padres adoptivos que lo críen en óptimas condiciones. Así comienza Juno. La búsqueda de estos padres se irá convirtiendo en una indagación en la popia personalidad de Juno y en su madurez, en su relación con Paulie Bleeker, el padre de la criatura, en su relación con sus amigos... Todo esto se hace con un humor desinhibido, falto de prejuicios y con un lenguaje cercano y muy elocuente. La actriz protagonista, Ellen Page, es un verdadero descubrimiento. Dota de una ternura, de una ilusión y, a la vez, de una madurez a su personaje que deja con la boca abierta al espectador.



Hay quien ha comparado esta película con Pequeña Miss Sunshine, otra comedia, más ácida aún, que tuvo un gran éxito el año pasado. Cualquiera de las dos es una perfecta opción para pasar un momento de cine.

Risas, ternura, ilusión por la vida... Ah, y, además, una banda sonora llena de temas sencillos y muy emotivos. ¿De verdad se os ocurre perdirle otra cosa a una película?

martes, 19 de febrero de 2008

¿Qué hay detrás del horror?


Horror. Horror. Vamos a ponernos en situación. Tenemos a Martín, un jovencito. Dieciocho, diecinueve, veinte años. ¿De verdad creéis que hay tanta diferencia? Tenemos, también, a Alejandra, un par de años mayor. Y, claro, algo les tiene que ocurrir. Se relacionan. Parece que se enamoran. Recordad sus nombres: Martín y Alejandra. Sí, podemos decir que se enamoran. Pero...


No vienen limpios. ¿Acaso creéis que existe la limpieza? Tienen ya todo el mundo a sus espaldas. Todo el peso. Martín es un proyecto de hombre, inseguro, miedoso. Alejandra tiene cactus en el corazón que le impiden descansar, que le impiden dejarse llevar y sentir. Alejandra tiene lagartos, serpientes, reptiles asquerosos en las venas que la incapacitan para la felicidad. ¿Os imagináis qué cosa tiene que ser tener murciélagos, ratas y cangrejos horadando vuestros órganos, royéndoos por dentro? A pesar de todo, Martín y Alejandra se relacionan, parece que se enamoran.

Obtienen momentos de algo parecido a la felicida
d. A veces, incluso, ríen. Martín lo llama así, "felicidad". Alejandra, en cambio, guarda silencio. Porque Alejandra sabe qué cosa es la mudez lancinante del subsuelo, qué cosa es el horror y el vacío. Martín lo llama así, "felicidad". No es que se equivoque, es que Martín cree que la posesión de la felicidad no es momentánea, sino eterna. ¿Habéis atisbado alguna vez qué cosa es la felicidad? Martín la obtuvo una vez. Ahora, en cambio, ya no la tiene. Martín conoce ahora el significado de la fugacidad.

Alejandra muere. Sería más exacto decir que se quemó viva. Antes, había matado a su padre de cuatro balazos. ¿Qué hay detrás del horror? ¿Detrás del horror de la muerte de Alejandra, de su sufrimiento, de su piel achicharrada, del cuerpo exangüe de su padre? Detrás de todo está Martín, con su amor, vivo, en pie al menos; Martín
convertido en una oquedad latiente después
de todo, que ahora es nada.

¿Pensáis que no es posible? No habéis visto esto en "La sirenita" o en "El rey León", ¿verdad? No lo cuentan los textos artificiales de los libros de lengua ni las diatribas de vuestros profesores en vuestras seis horas de somnolencia legañosa, ¿verdad? Pero lo cuenta Ernesto Sabato en Sobre héroes y tumbas, una novela brutal, destructiva, improductiva, asesina y desgraciada. No la leáis, porque esta novela no sirve para nada, no cuenta nada. ¿Alguna vez os habéis asomado a un sótano por dentro? E
so es.

¿Y Martín? Murió Alejandra a dentelladas del fuego. Pero, ¿y Martín? Ése es el horror. El peor horror. La vida que existe, que sigue existiendo después de que todo haya sido un horror. Porque la vida tiene ese empeño. Seguir, seguir, seguir.

He aquí la vida de Martín después de todo. Sin Alejandra. Sin él mismo. Sólo una oquedad latiente después de todo. Leed. Es el vacío. ¿Lo habéis mirado a los ojos alguna vez?


"Caminaba sin ver a su alrededor, mientras restos de pensamientos eran nuevamente fragmentados por violentas emociones, como edificios destruidos por un terremoto que son sacudidos por nuevos temblores.

Tomó un ómnibus y la sensación de que el mundo no tenía sentido se le presentó con mayor fuerza: un ómnibus que corría con tanta deci­sión y potencia hacia alguna parte que a él no le interesaba, un meca­nismo tan preciso, técnicamente tan eficaz, llevándolo a él, que no tenía ningún objetivo ni creía ya en nada ni esperaba nada ni necesitaba ir a alguna parte; un caos transportado con horarios exactos, tarifas, cuer­pos de inspectores, ordenanzas de tránsito. Y estúpidamente había tira­do las inyecciones para el corazón y buscarlo ahora a Pablo para eso era como ir a un baile para encontrar a Dios o al Diablo. Pero el tren, el paso a nivel de la calle Dorrego, tal vez allí, un instante y se acabó, re­cordaba aquella vez el gentío, qué pasa, qué pasa, no se podía llegar has­ta el centro del gentío, se oía qué horror, lo agarró descuidado, qué es­peranza, qué está diciendo, se tiró adrede, se quiso matar y otro que gri­taba aquí hay un zapato con un pie. O tal vez el agua, el puente de la Boca, pero el agua aceitosa allá abajo y acaso la posibilidad de dudar o arrepentirse en aquellos segundos de la caída, fragmentos de tiempo que pueden ser quién lo sabe existencias enteras, monstruosas y vastas como los segundos de una pesadilla. O encerrarse y abrir la llave del gas y to­mar muchas píldoras como Juan Pedro, pero Nené dejó una rendija de la ventana, pobre Nené, pensó con ironía cariñosa. Y su sonrisa en me­dio de la tragedia era como un solcito que fugazmente apareciera en un día tormentoso y frígido de grandes inundaciones y maremotos, mien­tras el guarda gritaba ¡terminal! y los últimos pasajeros bajaban qué, qué, dónde estaba, a ver, sí, la avenida General Paz, eso es, una gran to­rre, de un zaguán salió un chiquilín corriendo y desde dentro una mu­jer, la madre seguramente, le gritaba te voy a dar bandido, y el chiquilín con su terror corrió hasta la esquina y allí dobló; tenía un pantaloncito marrón y un pullover colorado contra el cielo lluvioso y gris como una pequeña y transitoria belleza, por la misma vereda vio una muchacha de barrio con un impermeable amarillo y pensó va a hacer compras al al­macén o facturas para tomar con mate, la madre o el padre jubilado le habría dicho linda tarde para matear con facturas, andá y comprá algo, o acaso uno de esos muchachos que ellas llaman simpatía, que estaría franco y habría ido a charlar con ella, o a lo mejor la mandaba el her­mano que tenía un tallercito por ahí mismo porque ahora veía un pequeño garaje donde había un hombre joven que podía ser el hermano con overall azul manchado de grasa y una llave inglesa en la mano que le decía al aprendiz andá Perico y pedile el cargador, y el aprendiz salía a paso rápido, pero todo era como un sueño y para qué todo: cargado­res, llaves inglesas y mecánicos, y sentía pena por el chiquilín aterrori­zado porque, pensaba, todos estamos soñando y entonces para qué ese castigo del chico y para qué arreglar autos y tener simpatías y luego ca­sarse y tener hijos que también sueñen que viven y tengan que sufrir, ir a la guerra o luchar o desesperanzarse por simples sueños. Caminaba a la deriva, como un bote sin tripulantes arrastrado por corrientes indeci­sas, y realizaba movimientos mecánicos como los enfermos que han perdido casi totalmente la voluntad y la conciencia y sin embargo se de­jan mover por los enfermeros y obedecen las indicaciones con oscuros restos de aquella voluntad y de aquella conciencia aunque no saben para qué. El 493, pensó, voy hasta Chacarita y después tomo el subte hasta Florida, después camino hasta el hotel. Así que subió al 493 y mecáni­camente pidió boleto y durante media hora siguió viendo fantasmas que soñaban cosas activísimas, en la estación Florida salió por la calle San Martín, caminó por Corrientes hasta Reconquista y desde allí se dirigió al hospedaje Warszawa, Comodidades para Caballeros, subió por las es­caleras sucias y rotas hasta el cuarto piso, y se arrojó sobre el camastro como si durante siglos hubiese recorrido laberintos."

Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sabato, Barcelona, Seix

Barral, 2007.

Pregunta para los que hayáis soportado hasta el final. ¿Creéis que Martín acabó suicidándose?

domingo, 10 de febrero de 2008

Cinco horas con Bolaño.

Os confieso que, pese a que ser un aficionado al teatro, nunca había asistido a la representación de una obra que durara cinco horas. Pero, como para todo en la vida tiene que haber una primera vez, ayer fue la mía. El Teatre Lliure, un conocido y buenísimo grupo teatral de Barcelona, representó en Sevilla, en el Teatro Central, una obra que duró, exactamente, cinco horas y diez minutos. Claro que la obra no era cualquier obrita. Se trataba de 2666, una adaptación teatral de la novela homónima de Roberto Bolaño, escritor chileno ya fallecido.




En realidad, 2666, son cinco novelas en una. Las cinco novelas no tienen mucho que ver entre sí. Sólo hay un elemento que las conecta: los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, ciudad de la frontera mexicana con los Estados Unidos. Desde 1993 han sido asesinadas en esta ciudad más de trescientas mujeres y muchas más han desaparecido. La mayoría de los casos, aún hoy, están por resolver.


Pero la razón por la que escribo este post no son los asesinatos. Tiempo habrá para eso. La razón es mostraros cómo dentro de la literatura cabe todo, cualquier cosa, y, por supuesto, la violencia y el humor. Precisamente violencia y humor hay en el fragmento que me gustaría ofreceros. Este fragmento pertenece a la primera de las cinco novelas que forman 2666, titulada "La parte de los críticos". En efecto, los tres protagonistas, Espinoza, Pelletier y Norton son tres críticos literarios especialistas en la obra de un autor alemán llamado Benno Von Archimboldi. Espinoza es español. Pelletier, francés. Y Norton es inglesa. Pero, claro, no sólo de literarura vive el hombre. Espinoza y Pelletier están enamorados de Norton y mantienen relaciones sexuales con ella. Y, por supuesto, tanto uno como otro está al tanto de las relaciones del compañero. En este fragmento, los tres, después de una buena cena regada con buen vino en el mejor restaurante de Londres, hablan dentro de un taxi de su atípica relación. El taxista, un paquistaní, tiene la desgraciada idea de intervenir y opinar.

"El taxista reconoció que, en efecto, el laberinto que era Londres había conseguido desorientado. Algo que llevó a Espinoza a decir que el taxista, sin proponérselo, coño, claro, había citado a Borges, que una vez comparó Londres con un laberinto. A lo que Norton replicó que mu­cho antes que Borges Dickens y Stevenson se habían referido a Londres utilizando ese tropo. Cosa que, por lo visto, el taxista no estaba dispuesto a tolerar, pues acto seguido dijo que él, un paquistaní, podía no conocer a ese mentado Borges, y que también podía no haber leído nunca a esos mentados señores Dickens y Stevenson, y que incluso tal vez aún no conocía lo suficientemente bien Londres y sus calles y que por esa razón la había comparado con un laberinto, pero que, por contra, sabía muy bien lo que era la decencia y la dignidad y que, por lo que había escuchado, la mujer aquí presente, es decir Norton, care­cía de decencia y de dignidad, y que en su país eso tenía un nombre, el mismo que se le daba en Londres, qué casualidad, y que ese nombre era el de puta, aunque también era lícito utili­zar el nombre de perra o zorra o cerda, y que los señores allí presentes, señores que no eran ingleses a juzgar por su acento, también tenían un nombre en su país y ese nombre era el de chulos o macarras o macrós o cafiches.

Discurso que, dicho sea sin exagerar, pilló por sorpresa a los archimboldianos, los cuales tardaron en reaccionar, digamos que los improperios del taxista fueron soltados en Geraldine Street y que ellos pudieron articular palabra en Saint George's Road. Y las palabras que pudieron articular fueron: detenga de inmediato el taxi que nos bajamos. O bien: detenga su asque­roso vehículo que nosotros preferimos apeamos. Cosa que el paquistaní hizo sin demora, accionando, al tiempo que aparca­ba, el taxímetro, y anunciando a sus clientes lo que éstos le adeudaban. Acto consumado o última escena o último saludo que Norton y Pelletier, tal vez aún paralizados por la injuriosa sorpresa, no consideraron anormal, pero que rebalsó, y con creces, el vaso de la paciencia de Espinoza, el cual, al tiempo que bajaba, abrió la puerta delantera del taxi y extrajo violentamente de éste a su conductor, quien no esperaba una reacción así de un caballero tan bien vestido. Menos aún esperaba la lluvia de patadas ibéricas que empezó a caerle encima, patadas que pri­mero sólo le daba Espinoza, pero que luego, tras cansarse éste, le propinó Pelletier, pese a los gritos de Norton que intentaba disuadirlos, las palabras de Norton que decía que con violencia no se arreglaba nada, que, por el contrario, este paquistaní des­pués de la paliza iba a odiar aún más a los ingleses, algo que por lo visto traía sin cuidado a Pelletier, que no era inglés, me­nos aún a Espinoza, los cuales, sin embargo, al tiempo que pateaban el cuerpo del paquistaní, lo insultaban en inglés, sin im­portarles en lo más mínimo que el asiático estuviera caído, hecho un ovillo en el suelo, patada va y patada viene, métete tu país por el culo, allí es donde debe estar, esta patada es por Salman Rushdie (un autor que ambos, por otra parte, consideraban ­más bien malo, pero cuya mención les pareció pertinente), esta patada es de parte de las feministas de París (parad de una puta vez, les gritaba Norton), esta patada es de parte de las feministas de Nueva York (lo vais a matar, les gritaba Norton), esta patada es de parte del fantasma de Valerie Solanas, hijo de mala madre, y así, hasta dejarlo inconsciente y sangrando por los orificios de la cabeza, menos por los ojos."

2666, de Roberto Bolaño, Barcelona, Anagrama, 2007.

domingo, 3 de febrero de 2008

Javier Bardem, asesino por encargo.


Mucho tiempo ha pasado desde que Javier Bardem apareció en películas más o menos olvidables como "Jamón jamón" o "Huevos de oro". Los que no somos tan jóvenes como vosotros aún recordamos a un actor con fuerza, a veces demasiada, y con cierto riesgo de convertirse en la reedición del macho patrio al que cierto público de nuestro país es tan adicto. Pero no, nada de eso. Javier Bardem nos ocultaba su mejor baza, la inteligencia.

E inteligencia tuvo para elegir el papel del escritor cubano homosexual y enfermo de sida Reinaldo Arenas en "Antes que anochezca", que le valió su primera nominación al Oscar. Pero no sólo fue inteligencia, sino que Bardem se nos reveló como un actor versátil, camaleónico y buenísimo. Ése fue el descubrimiento. Después vino el papel de Santa, el parado íntegro, digno y un tanto colérico de "Los lunes al sol", de Fernando León de Aranoa. Bardem engordó, se avejentó, se dejó barba y nos enterneció con la escena en la que cuenta la historia de la cigarra y la hormiga a un niño de cinco o seis años. Después, el tetrapléjico Ramón Sampedro de "Mar adentro", de Alejandro Amenábar. Y Bardem nuevamente capaz de emocionarnos sólo con la voz y los ojos, nada más.



Y, ahora, el asesino Anton Chigurh de "No es país para viejos", película de los hermanos Coen por la que ha recibido innúmeros premios y por la que está nominado al Oscar como mejor actor de reparto. Esta película está basada en una novela homónima del escritor estadounidense Cormac McCarthy, del que ya escribí un artículo a propósito de su novela La carretera.

El personaje que interpreta Bardem es un asesino falto de escrúpulos que tiene que recuperar dos millones de dólares. A su falta de escrúpulos une un placer estimulante cada vez que asesina a alguien. Violencia, soledad, incomunicación... todo se da la mano en la novela y, por lo que parece, también en la película. Os dejo un fragmento de la novela en el que Chigurh ajusta cuentas con un viejo conocido llamado Wells, otro asesino, en una habitación de hotel. Además, os dejo los dos tráilers de "No es país para viejos". Se estrena este jueves. No dejéis de ir a verla.


"Entonces sí cerró los ojos. Cerró los ojos y giró la cabeza y levantó una mano para repeler lo que no podía ser repelido. Chigurh le disparó a la cara. Todo cuanto Wells había sabido o pensado o amado en su vida se escurrió lentamente por la pared que tenía detrás. El rostro de su madre, su primera co­munión, mujeres que había conocido. Los rostros de hom­bres en el momento de morir arrodillados ante él. El cuerpo de un niño muerto en un barranco junto al camino en otro país. Quedó tumbado en la cama sin media cabeza y con los brazos extendidos y la mano derecha prácticamente desap­arecida. Chigurh se levantó y recogió de la alfombra el casquillo vacío y sopló y se lo guardó en el bolsillo y miró el reloj. Faltaba un minuto para el nuevo día.

Bajó por la escalera de atrás y cruzó el aparcamiento hasta el coche de Wells y buscó la llave en el llavero que le había cogido a Wells y abrió la puerta y registró el coche por ­delante y por detrás y bajo los asientos. Era un coche alqui­lado y no había nada dentro salvo el contrato de alquiler en el bolsillo de la puerta. Cerró la puerta y fue a abrir el maletero. Nada. Rodeó el coche por el lado del conductor y ­abrió la puerta y tiró de la palanca del capó y salió y abrió el capó y miró en el compartimiento del motor y luego cerró el capó y se quedó mirando al hotel. Mientras estaba allí de pie sonó el teléfono de Wells. Se sacó el teléfono del bolsillo y pulsó el botón y se llevó el aparato al oído. Sí, dijo."