lunes, 18 de mayo de 2009

Benedetti.


Ha muerto Benedetti, Carmen. Lo escuché esta mañana en la radio. Ya estaba enfermo desde hacía tiempo. Había estado hospitalizado —qué feo suena eso de estar hospitalizado— y ésta ha sido la definitiva. Hace unos cuantos años murió Luz, nombre impreso en la página de cortesía de todos sus libros. Su mujer. Leí en un artículo que Benedetti no había sido el mismo desde entonces, que parecía que se dejaba ir, como queriendo llegar. Y, según el señor de la radio, ya ha llegado.

Y, claro, me he acordado de ti. De aquella tarde de viernes en la que nos encontramos y tú me preguntaste qué te ha pasado, Pablo. Ibas a la carnicería, pero no fuiste. Estuvimos hablando, aquello de la ingeniería no iba conmigo. Ahora, al recordarlo, intuyo una sonrisa en tu boca de entonces, como si ya supieras que, antes o después, eso tenía que pasar. Toma, me dijiste al despedirnos. Y me entregaste La tregua. Me agarré a ese libro, Carmen, mientras lo leía por las tardes en la terraza del piso de Sevilla. Me agarré como si fuera lo único seguro del mundo. No fueron tiempos fáciles. Nos volvimos a ver. Te lo tenía que devolver. Toma, me dijiste al despedirnos. Y me regalaste El amor, las mujeres y la vida. Ahí es nada. Qué tres cosas, Carmen. De todas me has enseñado algo, y ahí sigues.

Después vino Gracias por el fuego. Y yo empecé Filología Hispánica. Y nos escribíamos cartas de vuelo raso. Y agoté en la biblioteca de la Facultad todo lo que encontré de Benedetti: El cumpleaños de Juan Ángel, Montevideanos, Esta mañana, La muerte y otras sorpresas, Buzón de tiempo, los Inventarios... Antes de eso —y durante—, vinieron El tragaluz y La sangre de Dios. Y aquellos textos tuyos sin los que no habría querido hacer teatro. Porque antes fue el teatro —llevabas mallas blancas la primera vez que te vi—, ¿te acuerdas, Carmen? Tú cosiéndome la saya —esa palabra me la enseñaste tú— en el salón de actos, el Romance del talabartero y la talabartera, mis ochenta uvas y mis diez salchichas, la carta con tu cuarto acto de Hamlet en Semana Santa, con tu letra. Y Pedro y el Capitán, Carmen. Haciéndome mayor. Tu visita, el día del estreno, inesperada. Siempre lloraba en los estrenos. Creo que sólo he llorado ahí.

Hace mucho tiempo leí en un suplemento cultural que la poesía de Benedetti era diarreica. Bueno, no lo sé. De lo que sí estoy seguro es de que gracias a ella, gracias a ti, me enseñaste se querían, sufrían por la luz, labios azules en la madrugada —estoy viendo esto ahora en clase, Pablo, mira qué verso tan precioso, y me lo escribiste justo antes de bajarme del autobús—, o que la vida iba en serio, uno lo empieza a comprender demasiado tarde, o en ti quedo. Y tantas cosas. ¿Sabes, Carmen, qué dos recuerdos tengo del descubrimiento de la literatura? Uno, leyendo El guardián entre el centeno. Otro, en una clase tuya, de Lengua, en COU. En una actividad del libro verde de Carbonero había que analizar los adjetivos o qué sé yo en el poema "Como tú", de León Felipe. Sonó el timbre. Levantándote de la silla para irte, preguntaste si alguien había comprendido el poema. Yo te respondí que creía que sí, que trataba de alguien que sólo deseaba ser libre. Nunca olvidaré tus ojos, alejándote, ni tu cabeza asintiendo.

Un beso, Carmen. Tengo ganas de verte.


"Corazón coraza"

Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza

porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro

porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.




"No te salves"

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino

y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.





"Hagamos un trato"

Compañera
usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo

si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo

si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo

pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted

es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.





"Táctica y estrategia"

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
mo sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.





"Todavía"

No lo creo todavía
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría.
Palpo, gusto, escucho y veo
tu rostro, tu paso largo
tus manos y sin embargo
todavía no lo creo.

Tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que por cábala lo digo
y por las dudas lo canto
nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estás llegando a casa.

Sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía.

Pero venís y es seguro
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro.

Y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido.

Y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más todavía.


4 comentarios:

Hellen de Cai dijo...

Gracias Pablo por acercarme estos poemas colmados de ternura... los he leido infinitas veces y ahora, me suenan nostalgicos.
Le echaremos de menos.

Juan A. Muñoz dijo...

Besos callados, Pablo.
Por muchas claridades que nos alumbren, por si ocurre un desconsuelo, un apagón o una noche sin luna
http://www.youtube.com/watch?v=9bZ85Suoc60

Chiqui dijo...

No me canso de leer estos versos. Son tan sinceros, tan honestos...

Chiqui dijo...

No me canso de leer estos versos. Son tan sinceros, tan honestos...